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- 9 enero, 2014 -

“Bustamante Perkins” por Fernando Iradier

En honor a la verdad, he de comenzar esta reseña confesando que no había oído hablar de Julio Bustamante hasta que cayó en mis manos este documental, no obstante, un nombre de referencia para entender la evolución del pop mediterráneo cantado en catalán. Por eso tiene especial mérito que, al término del mismo, esté deseando escuchar más canciones del susodicho artista, incluso arrancarme a tocar alguna versión por mi cuenta y riesgo con la guitarra. Objetivo cumplido por parte de Xesc Cabot y Pep Garrido, responsables de un trabajo que destila cariño por los cuatro costados a la hora de reivindicar la figura de un personaje absolutamente irrepetible. Como si de la biografía de un maestro zen se tratase, es a través de las cosas pequeñas que esta película, humilde y grande como su protagonista, nos presenta una existencia cotidiana en la que la intelectualidad y el vitalismo de los espíritus libres se funden con los pequeños placeres del día a día. Pura filosofía del entusiasmo.

La cámara parece desaparecer a lo largo de esos paseos por las calles de la ciudad, a través de la ropa tendida en las terrazas y las tardes al sol en un banco de la plaza fumando un cigarrillo. Suenan preciosas melodías a cargo de una voz profunda que evoca a Georges Brassens, canciones del mar y las nubes que se meten inmediatamente en la cabeza del oyente, algunas de ellas inéditas hasta la fecha. El documental sabe sobreponerse al personaje para mirar también al artista y hay espacio para hablar de trayectorias musicales e influencias sonoras, pero Bustamante Perkins es ante todo un retrato profundamente humano, de una cercanía que le valió el premio del público en el último In-Edit de Barcelona. Está claro que Julio Bustamante siempre estará al sur del corazón y para él Valencia no se acabará nunca, pero no hay suficientes palabras para agradecerle que, cumpliendo con la profecía de su propia canción y la universalidad de sus letras, se haya dejado caer por Donosti.